Es cierto que es importante poder reconocer las ataduras económicas que nos esclavizan, pero también es igualmente importante aprender a liberarnos de ellas. Cuando la libertad financiera llega a nuestras vidas, se hace evidente en cada aspecto de nuestra existencia: hay un alivio de las preocupaciones y tensiones por las cuentas retrasadas, una conciencia limpia delante de Dios y los hombres, y una completa seguridad de que nuestra situación financiera está bajo control.
Esto no significa que la vida del cristiano estará libre de dificultades económicas. Muchas veces Dios permite que las consecuencias amargas de nuestros errores del pasado continúen, para así reforzar las lecciones que El quiere que aprendamos. Dios tampoco nos promete librarnos de toda dificultad, sino que promete que, en medio de la tormenta, nos dará Su paz.
Cuando Dios maneja nuestras finanzas, no tenemos por qué preocuparnos. El es el dueño del universo y es en Su sabiduría que tomamos nuestras decisiones. Nosotros seguimos siendo seres humanos y podemos cometer errores en cualquier momento. Aún cuando comprendemos los principios de Dios, es posible que nos desviemos de Su voluntad, como lo hacemos todos de vez en cuando. Pero en cuanto admitimos nuestra equivocación y permitimos que El tome el control de nuestras vidas, volvemos a estar sujetos a Su liderazgo y las cosas comienzan a marchar como debieran.
Cuando un cristiano verdaderamente acepta y experimenta la libertad financiera bíblica, nunca más deseará estar fuera de la voluntad de Dios. En nuestra sociedad hay mucha gente que le va muy bien en sus finanzas, pero nunca he conocido a un incrédulo realmente libre de preocupaciones, ansiedad, tensión, hostigamiento o amargura en cuanto al dinero. Una vez que alguien experimenta y vive la libertad financiera (o sea, libertad de las ataduras de deudas, libertad de la opresión de otros, libertad de la envidia y de la codicia por las posesiones de otros, libertad del resentimiento...) esa persona se destaca como un faro en medio de la mar.
A pesar de poner en juego las relaciones familiares, esta sabia viuda pudo darse cuenta de lo que muchos jóvenes inexpertos no ven en estos días: que el porcentaje de inversión inicial requerida para comprar el negocio ($100.000) era demasiado pequeño con respecto al monto total de la deuda en la que su hija y su yerno se iban a involucrar (menos del 10%). Esto es lo que yo llamo "palanqueo". Es el mover un gran capital con una muy pequeña inversión. El problema de "palanquear" es que si algo, aunque sea mínimo, no sale como se planeó, el tamaño y peso de la deuda puede caer sobre el individuo y pulverizar su vida financiera.
Lo que este joven debería haber hecho es comenzar su negocio en su propia casa, quizá en su propio garage, para luego en la medida en que sus negocios, crezcan él se pueda ir moviendo hacia lugares más cómodos, amplios y sofisticados. Debemos, de una vez por todas, olvidarnos de tratar de hacernos ricos "por la vía rápida". No solamente ponemos en juego nuestros negocios, sino que estamos poniendo en peligro toda nuestra vida familiar. F. Aprenda a ahorrar Finalmente, para afianzar su vida financiera en el proceso de pagar sus deudas, uno debería aprender a ahorrar dinero de manera regular. Incluso aquellas personas que están endeudadas. Aunque sea sólo lo suficiente para comprar cuatro o cinco kilos de pan o un par de litros de leche por mes. Aprenda a desarrollar la disciplina del ahorro. Una de las mejores costumbres que una familia puede desarrollar es la de ahorrar una pequeña cantidad de dinero en forma regular. Todas las personas que viven por encima del nivel de pobreza tienen la posibilidad de ahorrar dinero. Muchos no lo hacen porque creen que la cantidad que podrían ahorrar es tan insignificante que no vale la pena. Para poder salir de sus deudas, sin embargo, usted debe prevenir las "situaciones inesperadas" que le llevarán a gastar más allá de su presupuesto y le obligarán a pedir prestado. Estas situaciones no serían tan "inesperadas" o no nos golpearían tan fuerte el presupuesto familiar si tuviéramos algunos ahorritos que actuaran de "colchón".
El sabio Salomón una vez dijo en su libro de los Proverbios: "Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa" (21:20). Una gran verdad 3.000 años atrás y una gran verdad el día de hoy.
Dios es tan poderoso para proveerle a usted con el dinero tanto después como antes de una compra. La diferencia está en que si usted confía en El para que le provea con el dinero antes de la inversión económica, usted sabe que Dios está bendiciendo su decisión. Pero si usted se apura y luego de hacer un compromiso basado en lo que usted "sintió" del Señor, espera ahora por la confirmación de Dios, puede que El le diga "eso es lo que tú ‘sentiste’ pero no es lo que yo te dije que era mi voluntad".
Recuerdo a un amigo que, antes de convertirse a Cristo, había perjudicado económicamente a alguien. Dios lo convenció de su culpa y le indicó que hiciera una "restitución". Buscó a la persona, confesó lo que había hecho, y ofreció arreglar las cuentas. La persona, por su parte, se negó a perdonarle y se rehusó a aceptar su dinero.
Por un tiempo el ego y el orgullo de mi amigo se resintieron; pero fue entonces cuando reconoció que no se había confesado para el beneficio de la persona ofendida, sino para beneficio de sí mismo. No había ofrecido la restitución para saldar la pérdida que había ocasionado, sino para obedecer la voluntad de Dios en su vida. Dios lo había perdonado y él había hecho exactamente lo que Dios le había pedido que hiciera. No se requería más.
Es importante recordar que las prioridades que Dios pone para nosotros son muy claras, y que cada cristiano que busca la voluntad de Dios tiene que comprenderlas.
La primera prioridad en la vida del cristiano es desarrollar su relación personal con el Señor Jesucristo.
La segunda prioridad en el compromiso de un cristiano es su familia. Esto incluye enseñarles sobre la Palabra de Dios.
Esta práctica requiere un compromiso con la unidad familiar, e indica también un compromiso específico de tiempo. Cristo merece la mejor parte de nuestro día. Si usted estudia mejor de mañana, madrugue y dedíquele tiempo al Señor. Sacrifíquese si es necesario. Si se da cuenta de que el devocional familiar es más provechoso de las ocho a las nueve de la noche, entréguele ese tiempo a Dios. Apague el televisor, asegúrese de que los niños hayan terminado temprano las tareas escolares, y empiecen a estudiar la Biblia juntos. Es importante que todos en la familia comprendan las cosas de Dios y oren juntos. Oren también por las necesidades de otros. Ayude a sus hijos a ser conscientes de que los cristianos, como intercesores, pueden orar por otros y esperar respuestas de Dios.
La tercera prioridad en la vida del cristiano deben ser las actividades de la iglesia, los grupos sociales, el trabajo y todos los pasatiempos que pueda tener.
Si queremos encontrar un ejemplo de lo que cae dentro de la voluntad de Dios, podríamos leer Lucas 9:23, donde Cristo dijo, "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame", y Juan 6:27: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre".