
Existe un viejo dicho en el mundo de los negocios: “No hay nada como una comida gratis”. Pero usted podría objetar lo siguiente: “A mi me invitan a comer a veces. De hecho, la semana pasada un representante de ventas de una compañía con la que hacemos negocios me llevó a comer”. Eso comprueba el punto de que usted pudo haber conversado agradablemente con el representante de ventas a lo largo de una deliciosa comida, pero el objetivo, sin duda, era seguir cultivando una relación fuerte entre usted y la compañía en cuestión o proveer una oportunidad de promover un nuevo producto o servicio.
O tal vez le den una “comida gratis” en el trabajo, durante la cual se discutan negocios de importancia. Su compañía provee el servicio de comida a cambio de su tiempo libre a la hora de comer. Entonces, de nuevo, la comida no fue exactamente “gratis”. Los alimentos no le costaron nada, pero a cambio usted tuvo que cumplir una obligación como empleado.
Introduzco este tema porque durante las siguientes semanas muchos de nosotros celebraremos las fiestas de Navidad. Las tradiciones navideñas pueden ser muy diferentes de una nación o cultura a otra, pero en la gran mayoría de los casos celebrar estas fiestas implica dar regalos. Así es como debe de ser, porque el nombre de Navidad viene de Jesucristo, a quien la Biblia describe como el más Generoso de todos los tiempos.
Juan 3:16 nos dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él, no se pierda, mas tenga vida eterna.” En otra parte del Nuevo Testamento se explica, “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 6:23). Otra traducción de este verso se refiere al “regalo de Dios”. Esto es porque el regalo del perdón y la vida eterna se extiende gratuita e incondicionalmente a todos los que quieran recibirlo. Sin embargo, para Jesús recibir este regalo fue todo menos gratuito.
De hecho, para Jesús el costo de este regalo fue increíblemente alto, más allá de nuestra comprensión. Veamos brevemente lo que implicó este costo:
Dios accedió a volverse hombre. Imagine al gobernante de una nación asumiendo el papel del ciudadano más pobre en ese país. Al tomar la forma humana en la persona de Jesucristo, Dios hizo precisamente esto, bajando de Su estación celestial para vivir entre las personas que El creó como un maestro, un ejemplo y, finalmente, como el Salvador. “Y el Verbo se hizo hombre y habitó[a] entre nosotros.” (Juan 1:14).
Jesús cargó el peso de nuestras culpas. El no pecó, pero Jesús cargó en la cruz con el peso de los pecados de la humanidad para que pudiéramos recibir el perdón de Dios y Su purificación. “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.” (2 Corintios 5:21).
El murió en nuestro lugar. Jesús fue voluntariamente a la cruz para pagar la pena de muerte en nuestro nombre. A pesar de nuestro fracaso para vivir de acuerdo a los estándares perfectos de Dios, que nos condenó a la “pena de muerte”, esencialmente Jesús nos dijo a cada uno de nosotros: “¡Yo moriré en tu lugar!”. “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8).
Entonces, ¿cuál debería ser nuestra respuesta? Mientras celebramos la Navidad y recordamos a Cristo en estas fechas, por lo menos de alguna forma, ¿qué pide Jesús de nosotros? Encontramos la respuesta en Juan 1:12, que se refiere una vez más a Su grandioso regalo: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Si usted aún no ha hecho eso, ¿recibirá el más grande de los regalos navideños el día de hoy?
Robert J. Tamasy es vice-presidente de comunicación en Leaders Legagy, una corporación sin fines de lucro con base en Atlanta, Georgia, EUA. Es autor de Business At Its Best: Timeless Wisdom from Proverbs for Today’s Workplace (Negocios al máximo: la sabiduría atemporal de los proverbios en el lugar de trabajo actual) (River City Press) y es coautor, junto con David A. Stoddard, de libro: The Heart of Mentoring: 10 Proven Principles for Developing People to Their Fullest Potential (El Corazón de Mentor: 10 principios comprobados para desarrollar el potencial completo de las personas) (NavPress).